Japón, donde la cantidad de suicidios quintuplica anualmente a la de muertos en carretera, ve cómo siguen extendiéndose nuevos métodos para quitarse la vida, el último de ellos la inhalación de productos de limpieza. En 2006 se suicidaron en Japón 32.155 personas, más de la mitad de ellas mayores de 50 años, según la Agencia de Policía Nacional japonesa. Esas personas, además de decidir suicidarse, tomaron una decisión sobre el método para llevarlo a cabo. El ahorcamiento es la manera más común, pero los amplios estudios que elabora el Gobierno, preocupado por el gran número de suicidios japoneses, incluyen otros sistemas muy usados, como el de tirarse desde una altura o arrojarse a las vías del tren. El encargado de los asuntos relacionados con el suicidio de la Oficina del Gabinete dijo a Efe que el año pasado se diseñaron los principios básicos para luchar contra el suicidio en Japón. El objetivo: "Reducir en un 20 por ciento la cantidad de suicidios hasta 2016", señaló. Recientemente los medios de comunicación nipones han recogido la irrupción de un nuevo sistema, que consiste en la inhalación de una mezcla de productos de limpieza y de baño que emite sulfuro de hidrógeno. Sólo en abril 59 personas se han quitado la vida de esa manera y hoy mismo hubo cuatro casos diferentes. En uno de ellos 350 personas tuvieron que ser evacuadas esta madrugada en la isla septentrional de Hokkaido cuando un chico de 24 años empleó ese método para suicidarse. El joven falleció y su madre tuvo que ser ingresada, afectada por los efluvios. Una vez más, se repite la intensa cobertura mediática que se produjo cuando los medios de comunicación de todo el mundo recogieron la aparición del suicidio colectivo y pactado por internet en Japón. La Organización Mundial de la Salud (OMS) emite un informe de recomendación a los medios para tratar asuntos relacionados con el suicidio en el que, por ejemplo, se pide que a la hora de informar no se empleen estereotipos religiosos. Pero la visión que la sociedad japonesa tiene del suicidio es muy diferente a la de los países occidentales, desprovista del tabú ligado a la religión cristiana. A pesar de los esfuerzos de las autoridades niponas por cerrar páginas web donde se ofrece información e incluso ayuda para quitarse la vida, las fuentes de información reaparecen y ofrecen un foro en el que los nipones pueden librarse de la presión del entorno social para expresarse y, quizá, tomar la decisión final. Pero la policía se centra simplemente en la ejecución del suicidio, sexta causa de muerte en Japón, y no en las causas. Las razones que pueden llevar a un nipón a tomar una decisión tan dramática son variadas y, por orden de incidencia, problemas de salud, económicos, familiares, de trabajo y, por último, males amorosos, según datos oficiales. Si se cruza esa información con el retrato robot del suicida japonés, un hombre en edad de retirarse o ya jubilado, los datos apuntan a la resaca económica posterior a los excesos de los 80 como una de las causas del síndrome suicida en Japón, el país con la décima mayor tasa del mundo, precedido en la lista por países de la órbita ex soviética. La relativa normalidad del suicidio, que se ve como algo cotidiano, ha levantado falsos rumores entre la población japonesa, como el de que si alguien se tira a las vías del tren su familia deberá compensar a la compañía de trenes por los daños infligidos a las instalaciones y por los retrasos causados. Tirarse a la vía no es el método más común, pero alcanza casi el 10 por ciento de los suicidios de personas menores de 19 años, sobre todo en cuando se trata de una chica. Un portavoz de JR West, una de las principales compañías de ferrocarril del país, negó hoy a Efe que la empresa pida compensación en todos los casos en los que el suicida se tira a las vías del tren. Sin embargo, explicó que hay veces que la compañía pide la reparación de daños por cantidades que pueden llegar a decenas de millones de yenes, en caso de que el suicidio obligue a reparar un vagón u otra instalación, como un paso a nivel. EFE |