Las niñas japonesas de hasta 12 años pueden convertirse en Blancanieves o Cenicienta en el parque de Disneylandia en Tokio y cumplir el sueño de ser, por un día, una princesa Disney, algo que en Japón levanta pasiones. | Con las palabras Bibidi, babidi, bu, las mismas que pronuncia el hada madrina de Cenicienta antes de tocar con su varita mágica, el personal de esta nueva atracción del parque temático de Disneylandia convierte en princesas, por 230 dólares, a una media diaria de 30 niñas, en las jornadas más concurridas. La Bibbidi Bobbidi Boutique, situada en la plaza que da acceso al Tokyo Disneyland Hotel inaugurado en julio, es un pequeño salón de belleza, adornado al más puro estilo de castillos de princesas Disney en el que trabajan 20 titulares de peluquería y estética. Estas aprendices de hada madrina se afanan cada día para peinar, maquillar, pintar las uñas y vestir con todo tipo de detalles a niñas que quieren ser Bella, Aurora, Cenicienta o Blancanieves por un día. El personal de Disneylandia Tokio se centra en el público femenino, ya que el 72,6% de los visitantes del parque son mujeres, según los últimos datos recopilados por Oriental Land (OLC), la empresa encargada de la gestión de Disneylandia, que acaba de cumplir 25 años de funcionamiento en Tokio. |
Curiosamente, el servicio está limitado para niñas de hasta 12 años, pese a que el 68,2% de los visitantes del complejo temático de Disneylandia, que consta de Tokyo Disney Sea Park y el parque de ocio Ikspiari, tienen entre 18 y 39 años. "Puede ser que en el futuro permitamos que mujeres de cualquier edad se conviertan en princesas Disney, pero aún no hay nada seguro", dijo una de las trabajadoras de la primera Bibbidi Bobbidi Boutique de Japón, la segunda en el mundo. En EEUU, donde se encuentra el primer salón de belleza de princesas Disney, no existe límite de edad para la clientas, por lo que no se descarta que Japón siga sus pasos, especialmente si se tiene en cuenta el cada vez más acuciante envejecimiento de la población nipona. De hecho, y a pesar de que el servicio está pensado para las más pequeñas, el marketing del servicio está claramente enfocado para seducir a los padres de las niñas, que por lo general son demasiado pequeñas para decidir. "A ella le hacía ilusión, pero es cierto que le tuve que dar un empujoncito", dijo Miho Saito, una madre mitad japonesa mitad española que llevó a su hija Takako de ocho años a la boutique. | Al igual que Saito, muchos padres supervisan de cerca la transformación de sus hijas, a las que sus estilistas particulares peinan, maquillan y visten de espaldas al espejo para que, al verse al final del proceso, la impresión sea mayor. Antes de permitir a la niña que vea su transformación "las hadas madrinas en prácticas", como se autodenominan las estilistas, dicen las palabras mágicas mientras agitan su varita mágica y después, dedican unos minutos a enseñar a las pequeñas cómo debe saludar o hacer una reverencia una verdadera princesa. Todavía no existe un servicio similar para niños, pero al menos hasta los 12 años, los príncipes de estas niñas "son sus papás", dijo una de las peluqueras. De hecho algunos progenitores participan activamente del proceso e incluso tratan de convencer a las "princesas" para que se pongan los peinados y los colores de uñas que más les gustan a ellos. Saben que son sus hijas las que se disfrazan, pero "nosotros somos los que pagamos", dijo Saito. EFE |
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